Por lo corta de nuestra existencia,
siempre buscamos trascender, es decir dejar una huella en este mundo en que vivimos. Algunos tienen hijos, perros, siembran arboles, componen canciones o pintan cuadros. Yo a los 15 años escribí mi primer poema. Y tu, si lees y recuerdas después de un tiempo lo que leíste aquí, una parte de mi estará en ti y cierto es que yo habré trascendido. Gracias por Visitarme.
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5 de abril de 2021

La Naturaleza del Amor

 


Nada nos muestra mejor la naturaleza del amor, que el transcurrir del día. Antes de el, nos vemos rodeados de oscuridad, se vive una noche larga, que parece sin fin. Pero llega el amor con su luz y su brillo y nos despierta, las cosas que antes lucían grises toman color y el arbol de hojas tristes se llena del ruido de miles de aves agradecidas. Sentimos que ese instante de luz, antes del amanecer, es eterno, que así será el resto de la vida. Y nos sentimos plenos, a veces con miedo que todo sea espejismo, pero felices de poder vivir ese nuevo amanecer. 

 El error de muchos comienza, alli. En el mismo amanecer. Pues no se preparan, no tienen en cuenta que saldrá el sol y queda por recorrer un largo día. Día que puede oscurecerse por la lluvia, días que pueden mitigar el calor del sol con vientos fríos. Entonces sufrimos, pensando que el amor es un eterno amanecer, sin nubes y con un sol tibio que no quema o que no es capaz de incendiar las hojas que encuentre marchitas. 

El amor es un día largo con amaneceres hermosos y mañanas soleadas. Al amor podemos hacerlo un largo mediodía. Extendiendo sus horas entre abrazos fuertes y largos besos, con entrega y dedicación al otro, le damos a sus cielos un azul infinito. Pero el amor también es ocaso, es otoño, silencio y frío. Y depende de nosotros dejar abiertas las puertas de la noche oscura, de la soledad, de la sábanas y el pecho frío... 

O mirar ese ocaso hermoso, sabedores que si bien la noche será larga, dará paso a otro día, a otra mañana. A otro amor más sereno o ardiente, más convulso o tranquilo. El amor es un día largo. Disfruta cada instante y cuando estés sola, no te ocultes, no estrujes tus ojos y ocultes tu rostro. No sea que no veas la luz del nuevo sol brillando para ti.

Alexander Uslar

30 de mayo de 2020

No hay versos huérfanos




No hay versos huérfanos,
No hay lagrimas sin sentido
Todo fruto del corazón
Merece unos versos escritos
Amor, pasión, deseo
Tristeza, nostalgia, olvido.
El recuerdo de un beso
La nostalgia del amor perdido.
Una noche de sueños,
Lo que pudo haber sido.

18 de diciembre de 2019

A veces me gusta pensar




A veces me gusta pensar
Que soy la persona que aparento ser. 
 Que soy un hombre orgulloso de sí.
 Que puedo ser bueno en todo lo que hago 
Y no soy el origen de todos los vicios.

 A veces me gusta pensar 
Que siendo yo mismo puedo ser feliz. 
 Que puedo hacer feliz a otros siendo mas, yo mismo. 
  Que no habrá lucha, dolor o llanto. 
 Si muestro el rostro del oculto retrato.

A veces me gusta pensar
 Que me amo asi, tal como soy. 
 Y no debo aspirar a algo para lo que no nací. 
Que no esta en mi la razón de mi pena, 
y no vive en mi, todo este dolor.


1 de marzo de 2018

¡No soy un asesino!




Recostado a la pared del cuarto y con los ojos vidriosos, vacíos, veía el charco de sangre que lentamente se extendía por el cuarto... diciéndose a sí mismo casi eufórico: ¡No soy un asesino! No lo soy, no lo soy no lo soy, repitiendoselo muchas veces como para convencerse a si mismo. 
Pero allí estaba, un cuchillo de acero gris, manchado de sangre y otra tanta que corría, una vida se iba, que se apagaba lentamente por obra suya, por el filo de un cuchillo frió que había probado la sangre y gustoso también había mordisqueado  piel y arterias.
Triunfante... recordaba al psiquiatra, al neurólogo, y los psicólogos, hasta al profesor de escuela que para referirse a el lo llamaba: raro, a los otros que dijeron loco, psicópata o "sujeto con neocortex prefrontal inactivo". 
Pero sobre todos triunfó, sobre la maestra que intentaba corregir su problema de lenguaje, sobre el psicólogo que quería mitigar su crueldad con los compañero o del medico que le dijo que debía medicarse, que el no podía controlarse por ser un sujetos con amígdala cerebral hiperactiva, y esto lo haría violento en grado sumo y a su vez carente de empatia.
Él, triunfante con la euforia ya bajando,  un poco mas tranquilo, se estaba dejando llevar por el sueño, un sueño pesado como mil elefantes producido por las formas hipnóticas que formaba la sangre en el suelo mientras iba saliendo de los  grandes boquetes que había abierto entre el cubito y el radio de la suave piel humana, con su cuchillo.
¡He vencido! nadie, nadie podrá acusarme de asesinato, nadie podrá llamarme asesino... Por matarme a mi mismo.

Alexander Uslar